yo mate a Gerard Way
confesaré un crimen, un crimen que me ha llenado de placer, todo comenzó aquella tarde cuando lo vi, no era mas que un sacerdote sumamente sexy, sus hemosos ojos estaban llenos de melancolía, y de su boca escuhé palabras fuertes y palabras tristes, evocando el lamento de los hombres perdidos en plena guerra, los que nuca volverán a casa y se han convertido en fantasmas, aquel seductor soldado que me dió la esperanza de un nuevo día con dolor inmenso, aquel hombre que después de mucho tiempo ve como alguien en agonía muere lentamente y no hace nada por esa persona, el sacerdote, el soldado y el cruel son el mismo, encerrados en un solo cuerpo.
Esta noche lo escuché cantar a mi puerta, y al entrar me dijo "I miss you so far" y entonces lo supe, supe que era el momento, le di a beber cianuro y cuando estuvo algo aturdido lo ate de manos y pies, estaba tendido sobre el suelo tan blanco como las perlas luchando por conservar el aire en sus pulmones, sus ojos se abrieron mucho al ver que saqué una navajay entonces sin prisa alguna mientras lo miraba luchar por su vida, atado, inmovil, me senté a su lado, primero respiré su aroma, lo sentí llegar hasta el fondo de mis pulmones, luego acaricié su castaño cabello y su blanco rostro, la luz en sus ojos se iba apagando poco a poco.
Tomé la navaja y después de admirar su delicado cuello, inmaculado, la deslicé solo un poco por el costado, una pequeña gota carmesí apareció al contacto de la navaja con su cuello, el aún me miraba suplicante por su vida mientras el cianuro lo extinguía lentamente, y casi sin darme cuenta la navaja se deslizó como un cuchillo caliente en mantequilla, que hermosura, aquel hilo carmesí que se elevaba casi sin control y por unos instantes llegó a mi, tan tibio, tan dulce, tan puro, perfecto el momento en el que sus ojos se abrieron y me miró debil, el último aliento lo abandonó.
Y ahi estaba yo, sentada a su lado, sin más que hacer o decir, más que mirarlo inerte en el suelo, mirar ese delicado hilo carmesí caminar por el aperlado suelo, mirar su cuerpo, como esperando que despertase para decirle que lo amo, sintiendo el calor de su cuerpo aun tibio y cerca de mi, sin más que decir o hacer por el, lo miré una última vez y besé sus labios.
Esta noche he matado a Gerard Way, lo maté porque le amo bastante como para no sentir que el es mío solamente, y fue lo más hermosos que he visto en mi vida, el ver su sangre correr y salpicar ha sido lo más delicado y sublime en este universo, el escuchar y sentir su último aliento escaparse al viento fue una obra de los dioses, y me he vuelto complcie de los dioses, porque la única solución al problema era que el muriera entre mis manos, que me aliara con los dioses para poder cumplir mi cometido, y lo he hecho.
Yo maté a Gerard Way porque lo amo, y así será hasta el final, porque somos Demolition Lovers.



